Y sí, me apetecía algo más fuerte... quería subir a una atracción que todo el mundo me recomendaba: El Space Mountain Mission 2, una montaña rusa de la que nadie salía decepcionado. Todo el mundo me decía que la probara, pero no me querían decir de que iba, así que decidí descubrirlo por mí misma. Fuimos de Frontireland, a Discoveryland, un lugar con ambiente futurista. Bueno, más que con ambiente futurista, ambiente de novelas de Julio Verne. El Space Mountain es una inmensa construcción con un tubo que la recorre del suelo al techo. Mientras hacíamos cola, yo miraba curiosa el extraño proceso que se repetía en el interior del tubo. Se abría una compuerta situada en éste. Luego se volvía a cerrar. Se abría. Salía un montón de humo y se escuchaban gritos despavoridos. Este proceso me ponía la carne de gallina, pero a la vez hacía que me entraran ganas de subir. Al poco, entramos por un túnel y ya no pude ver más. Eso me fastidió un poco, pero más me fastidió el grupo de italianos adolescentes que gritaban, intentaban colar, y no paraban de marear. Pero al fin se acababaron las esperas y nos tocó subir a uno de los cochecitos. Nos subimos C, A y yo en uno, y M y P en otro. Entonces, el cochecito arrancó, y nos metieron en un túnel. De repente, noté que nos subían. ¡Estábamos en el interior del tubo gigante! Y así lo comprendí todo: aquello era una cuenta atrás en francés. Agarré fuerte a A, y A me agarró fuerte a mí. Enseguida, empezamos a ascender por el tubo a una velocidad vertiginosa y nos vimos envueltas en una nube de humo. Cuando llegamos al final, caímos por un agujero. Y todo se quedó negro mientras notaba que el estómago me salía por la boca. Bajamos hasta que aquello se calmó un poco, y empezamos a ver planetas a nuestro alrededor. Eso sí que era bonito. Pero yo estaba tan tranquila mirando los planetas y ¡ZAS! Veo que acaba de pasar un meteorito a mi lado. Glups. Qué sensación. Después el trenecito donde íbamos empezó a moverse muy rápido y de nuevo¡ZAS! estábamos donde habíamos empezado. Yo bajé emocionadísima.
Pero C, A, y P "el grupo de adultos" bajaron blancos como fantasmas. Y presos de un ataque de histeria. Desde aquel momento, no subieron a ninguna cosa más. Más tarde fuimos a comer a un restaurante enorme y alucinante, donde se proyectaban películas antiguas de Disney. Después de eso, M y yo nos subimos dos veces a un simulador de Star Wars, conducido por un robot psicópata. Cuando salimos, M y yo, nos fuimos paseando a la montaña rusa de Indiana Jones. A medio camino, vi una figura de enormes orejas que venía corriendo hacia nosotros. Era Mickey Mouse. Empecé a correr hacia Adventureland, aterrorizada. Me giré, y Mickey seguía corriendo en nuestra dirección. Me paré, y me metí en una tienda de Regalos y desde allí, observé. Mickey estaba huyendo de un grupo de japoneses histéricos con un montón de vídeos, cámaras y libretas de autógrafos. Uf... qué susto. Proseguimos sin sobresaltos a la montaña rusa de Indiana, y subimos. Fue un trayecto corto, cortísimo. Aunque muy atolondrado. lleno de piruetas, giras, vaivenes, y cosas de ésas. Ya casi al atardecer, fuimos a Piratas del Caribe, donde la cola se llevaba a cabo en unas claustrofóbicas mazmorras llenas de esqueletos y humedad. Al fin, llegamos a una playa. ¡Guau, era la playa de la película de Piratas del Caribe! Estaba reproducido todo hasta el más mínimo detalle. Incluso se notaba la humedad caribeña. Nos montamos en unos trenecitos, y nos llevaron a ver escenas, donde unos piratas asaltaban una ciudad, se llevaban a las mujeres... y luego se veía que les había caído una maldición. Ésa que sale en la peli... Un recorrido fantástico. Pero como era en francés... pues claro, no se entendía nada. Esas atraciones tendrían que ser multilingüistas ¿no? Bueno, no me enrollo. Cuando terminamos, nos fuimos a una tienda de regalos. Yo estuve mirando bolsitos, pulseritas... etc, porque tenía que buscar un regalo para unas niñas pequeñas. Cuando salí, la alarma se puso a sonar, y todo el mundo me señaló a mí. Vino un policía y me dijo que me diera la vuelta. La dí,l y de repente, sentí un tirón en los pantalones. Resulta, que cuando estaba mirando bolsos, el velcro de uno se me había pegado en el pantalón. Qué vergüenza. Segundo tropezón con la policía. Por suerte no pasó nada.
Después de esto, cogimos el metro, y nos fuimos al hotel, porque ya empezaban a cerrar las atracciones, y no había más que hacer. Aquella noche dormí feliz.
.:Continuará:.
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Tal y como lo describes, no sé si es más fuerte el Space Mountain o Mickey Mouse. Besos
Me encanta tu vida y la felicidad que desprende:" esa nohe dormí feliz", jajajajajajajaja, me tienes enganchadíssima a tus historias, eres una "fenómena" escribiendo!!!jajajajaja, tota la setmana que entro al teu blog per veure si has escrit alguna cosa!!que bé que t'ho vas passar!! em fas moltíssima enveja...la veritat que la imatge de Mickey Mouse perseguint-me...em fa una mica de por...terror!! jajajaja; encara que, val a dir,que a tu els monigots sempre t'han fet algo de respecte... recordo que de petita et vam regalar un "Epi cosquillas" i tampoc et va fer molta il·lusió...et feia molta por!!. Per cert quines experiències amb "les gendarmes", encara falten episodis del viatge no?? no triguis en escriure!!!!! que vull saber més coses!!!. Bessitos