Los cuadernos de viaje, 2º día, la visita a Disneylandia, 1º parte
Me desperté de buen humor, hacía un sol magnífico y no había una sola nube en el cielo. Me desperecé como todas las mañanas, ronroneando como un gatito, pero enseguida me duché. Salí de la habitación de un humor inmejorable y me topé con el pequeño ascensor. Uf. Ahí dije que no, y les dije a todos que yo bajaba por las escaleras. Casi hubiera preferido el claustrofóbico ascensor. Las escaleras eran de caracol, y como las bajé corriendo, así que imagínaos como acabé. Y encima no tenían barandilla, o sea, que si pisabas el escalón por la parte que no es, te partías el cráneo. Llegué al comedor y vi que habían preparado un buffet, modesto, pero un buffet. Me encantan los buffets. Comí, pero sin pasarme, ya que las montañas rusas de Disney me podían jugar una mala pasada y ya me la había jugado la dichosa ternerita del día anterior.
Salimos del hotel y cogimos el metro, que nos llevó a otra estación, y allí, sí que cogimos el que nos iba a llevar a Disney. Cuando entramos, yo me quedé a cuadros: el metro (o lo que fuera) estaba vacío. ¡Mmmm! ¡Qué bien! Nos sentamos en los típicos e incómodos asientos y yo me concentré en echar una cabezadita, o en cerrar los ojos para pensar a mis anchas. Pero nada más recostarme sobre el asiento y cerrar los ojos, ¡PAM! Un personaje de pantalones rojos invadió mis pesamientos: MICKEY MOUSE. Desde mi más tierna infancia, este enorme ratón me aterroriza. No me digáis que no es un horror: con unas orejas enormes como frisbees negros, dos ojos enormes, y siempre los mismos pantalones (¿no se los lava?). No sólo Mickey me produce terror, sino también su novia, Minnie, con ese faldón rojo con lunares blancos, que parece un enorme platillo volante, y ese lazo (rojo también)bueno, lazo no lazazo...
Pero ya no pude pensar más en el ratón, porque en una de las paradas de las afueras de la ciudad, entró un montón de gente, así, de repente. Entró tanta, que ya no pudimos ni estar sentados. Así que el resto del viaje me lo pasé de pie. Y yo aguantando y pensando "por Disney, por las montañas rusas..." y llegamos. ¡Ah! ¡Aire puro...! Y nos lanzamos todos los pasajeros del tren, o metro, a las taquillas. Las taquillas eran preciosas, parecían coloniales, debían ser de la época de Walt Disney. Había sido todo un acierto no quitarlas. Tras una hora de cola, que no fue pesada ni nada, porque yo me lo pasé muy bien charlando y echando un vistazo por los jardines y fuentes que rodean las taquillas. Al fin, entramos. Y me quedé maravillada. El primer sitio que ves en Disney es Main Street, que es como un pueblecito de otra época. Había una pequeña estación de trenes, pequeñas plazas, bares, casitas, bancos, tiendas de alimentación, coches de caballos... todo ambientado en la época colonial. pero tras dar un corto paseíto, dejamos atrás Main Street, y nos fuimos a Frontireland, un pueblo ambientado en el oeste. M y yo buscábamos que nos subiera la adrenalina, así que elegimos ir primero a una vieja mansión, ruinosa y abandonada. Era súper realista. Hicimos cola mientras nos acompañaba una escalofriante música. Al fin, nos tocó entrar. Nos abrieron la puerta dos extraños hombres y nos metieron en una sala circular llena de hermosos cuadros. Nos pidieron en francés que nos pusiéramos en el centro de la sala. Después cerraron la puerta, y nos gritaron, con cara de psicópatas, que no saldríamos vivos de allí. Y de repente empezamos a bajar, lentamente. ¡Aquella sala era un ascensor! Y los cuadros se iban transformando en horribles dibujos. Se hizo la oscuridad. Y unas puertas se abrieron, conduciéndonos a otra sala, donde subimos en una especie de cochecitos que nos llevaban dejándonos ver diferentes escenas. Yo no entendía lo que decían en francés, pero la historia se podía intuir. Tras ver todas las escenas, te metían en el "infierno". Allí te pasaban más escenas. Pero lo que más me impresionó fue, que nos pasaron delante de un espejo, y al mirarnos, nos dimos cuenta de que había algo en nuestra espalda ¡un esqueleto! Al salir, no hacíamos más que comentar que qué bien, que chulo...
Pero a mí me apetecía algo más fuerte...
.:Continuará:.


Susanna Adell dijo
Que xuli...!!, no coneixo Disneyland Paris i això que ja he estat quatre cops!! a veure si un dia anem juntes i m'ho ensenyes tot vale?? a mi Mickey m'agrada moooooooolt sobretot el seu gos Pluto!ja tinc ganes de saber que és "eso tan fuerte que te apetecía"...bessitos
14 Mayo 2006 | 11:02 PM