Cuando los polis llegaron al hotel, abrieron la puerta de la furgoneta, nos hicieron un gesto de "todos pa fuera" como si fuéramos delincuentes, y se fueron ¡qué maleducados! ni siquiera nos bajaron las maletas. El hotel era sencillito, mono, un tres estrellas de toda la vida. Aunque, ejem, era un poco, ¿cómo decirlo? Ah, sí. PEQUEÑO. Como todo en París. Y el ascensor era extremadamente liliputiense. Ya lo mencioné en otro artículo. Y las habitaciones ¡también eran minúsculas! Y tenías que ir con mucho cuidado, porque las habitaciones estaban llenas de cosas que no utilicé para nada: una plancha, una papelera, una especie de silla para dejar las maletas, un tabla para planchar, dos copas con su respectiva bandeja... vamos, que ocupaban un espacio "vital". Pero era una buena habitación, no lo voy a negar. Y se estaba muy a gusto. Pusimos la ropa en el armario del hotel y ¡listos para conocer París! Empezamos comprando unos billetes para el metro. Por cierto, los carteles del metro de París son preciosos. Subimos al metro tan felices todos, con mucha ilusión, y nos amontonamos en el metro como en una lata de sardinas. Cuando llegamos a la altura del Puente del Alma, el metro se paró en seco, y una voz dijo algo en francés, y luego lo repitió, pero en inglés
"One minut of silence for Lady Di" Y entonces, entendí. Lady Di se habia matado en el Puente del Alma. ¡pero mira que anunciarlo por megáfono y encima parar el metro! ¡Qué estábamos en plena hora punta, oye! Y encima apretados en el metro... buf.
Salimos del metro agobiados y decidimos empezar nuestro viaje visitando la Sante Chapelle (creo que se escribe así) ¿adivinas cuánto tiempo estuvimos esperando para entrar en una iglesia para ver unas vidrieras? Un hora. Una hora con sus sesenta minutitos... pasamos toda la mañana haciendo cola. Pero, al fin, después de hacer cola, tuvimos nuestra recompensa: unos enormes y hermosas vidrieras. Después, fuimos a una brasserie a comer... me zampé un Quiche Lorraine, que es una especie de tartaleta de jamón y queso... ¡mmm! Tenéis que probarla. Yo creía que la gastronomía en París eran caracoles, cerebros de vaca, ancas de rana... etc. ¿Qué creencia más estúpida verdad? Bueno, aquel día tuve mi primera experiencia "comiendo como en una lata de sardinas", que ya lo conté en otro artículo. Yo tomé un Quiche Lorraine, pero M se comió un bocadillo tan largo como su brazo. Cuando terminamos de comer, nos fuimos a Notre Dame (más colas) y entramos. Es un sitio enorme y precioso y está lleno de cuadros con imágenes religiosas y eso. Caminé un poco más por Notre Dame, y me encontré una urna con una velas dentro y un cartel que ponía (traducido al castellano) "Encender una vela: 5 euros" Ahí si que me quedé de piedra. No me lo podía creer. A ver que me aclare. ¿Tienes que pagar 5 euros por encender una VELA? Sí hombre, y qué más. La iglesia tiene que estar muy mal para tener tanta cara. Pufff... por lo demás, la visita fue muy bonita. Más tarde, cogimos el Bateâu Mouche, para ir a la Torre Eiffel... el paseo por el Sena fue una de las cosas que más me gustó, sí señor. Porque justo cuando navegamos, el sol empezaba a ponerse y el agua brillaba. ¡Precioso! Lo malo es que el señor que llevaba el micrófono para ir explicando el recorrido hablaba en francés, y claro, no entendí nada.
Al fin llegamos a la Tour Eiffel. Es curioso, la Torre Eiffel cambia de tamaño según desde donde la mires. Desde el avión, parece colosal. Cuando estas a unas manzanas de ella te parece enorme. Cuando estas delante de ella no te partece tan alta, y cuando estás debajo de ella, piensas que como has podido ser tan estúpido de pensar que es pequeña.
Eso fue justo lo que me pasó a mí. Justo antes de llegar a la Tour Eiffel, ya habíamos planeado subir aquel mismo día. Pero bajamos del barco y vimos las cuatro "patas" de la Tour Eiffel, por donde subían los ascensores. Por una de las "patas", no se podía subir, por otra, eran escaleras para subir a pie, (¿no iréis a pensar que yo subí a pie, verdad?) y las dos otras patas, eran las del ascensor. vale, sólo viendo las dos largas y hermosas colas que teníamos delante, se nos quitaron las ganas, y así, decidimos marcharnos al hotel.
Cuando llegamos al hotel, descansamos un poco y nos fuimos a una brasserie estilo cutrón. Yo odio esos sitios, así, tipo grasiento. Pero bueno, tenía hambre. Así que, a aguantar. Pedí un filete de ternera... y cuando éste llegó le hinqué el diente, por supuesto. Una necesita reabastecerse después de un día intenso. Mastiqué, tragué... y ¡BUM! Hubo una explosión en mi estómago. Se ve que la ternera llevaba salsa picante, algo que mi estomaguito no puede soportar. Parece ser que a los franceses les gusta ponerle mostaza a todo. Allá donde fuéramos, siempre encontramos un recipiente con mostaza. A partir de ese mordisco, ya no volví a comer en toda la noche. ¡Uf, cómo me dolía la barriga! ¡Era como si estuvieran tirando fuegos artificiales en mi barriga!¡BUM, BAM, BOM, BUM, BUM, BOM! Así en el restaurante. Así en el hotel. Así en la cama. Hasta que me dormí, pensando que al día siguiente iría a Disneyladia...
.:Continuará:.


Hola guapi!! la Sainte Chapelle quina sort!! no he aconseguit entrar mai i això que he estat quatre cops davant la porta...unes cues increïbles!!!, i Notre Dame!! uauauauaua vas pujar a dalt?? és super emocionant em vaig sentir per uns moments com el "Geperut de Notre Dame" sentadeta al costat d'una campana d'aquelles enoooooooooooormes!. A la Tour Eiffel...jo tampoc he pogut pujar mai...les cues llarguíssimes a part no sé si m'atreveria em fa una mica de por!. Així que un bistec et va revolucionar la panxa?? que raro..i la crêpe de Nutella que et vas "zampar" el dia anterior... bé no? jajajaja...tens un estòmac una mica "llepolet"!!!bueno crec que ara falta que expliquis l'episodi de Disney i del Louvre no?, m'encanta aquesta manera que tens d'explicar la teva estada a Paris, cada dia miro el blog per si has escrit alguna coseta més...Molts bessitets i ens veiem aviadet bessitos!!
Nada que queria enviarte un dibujo pero veo que no puedo engancharlo!!, muchos besitos a los papis mua!!